LÍMITES O LIMITANTES

LÍMITES O LIMITANTES

 

Para que el amor en verdad lo sea, debe tener límites.

 

Mucho se habla del tema de los límites y de la importancia que tienen para el desarrollo de los niños. Un límite es una frontera que permite separar, organizar y distinguir entre dos o más espacios, los límites ayudan a contener aquello que sin ellos se desbordaría, por ejemplo, las emociones y las acciones. En ese sentido, esta frontera es de gran ayuda ya que permite mantener dentro de ciertos márgenes lo caótico.

¿Por qué entonces puede ser tan complicado poner límites?

No sólo es difícil de padres a hijos, sino entre compañeros, amigos, en la pareja, entre hermanos y en cualquier relación humana cercana cuesta trabajo delimitar esa frontera y no permitir que el otro la cruce. Es difícil, entre otras razones, porque se confunde límite con agresión y esto a su vez se asocia con culpa y miedo. Es común que los padres se vuelvan complacientes con sus hijos pensando que de otra forma los frustrarían y les provocarían sufrimiento, es común que el profesor pase por alto ciertas transgresiones de sus alumnos con tal de no tener problemas, es frecuente también que los empleados de las empresas accedan a hacer casi cualquier cosa con tal de no perder el trabajo. En los tres ejemplos anteriores al no poner un límite se está siendo agresivo consigo mismo y/o con los demás.  No frustrar, no exigir o tolerar casi todo paraliza el crecimiento, es como una manera de decir al otro (o a sí mismo) que “no es capaz”, que “no vale”  y que por lo tanto tiene que andar desbordado por la vida, aceptando todo y haciendo todo lo que desea hacer.

Hay que saber que los límites dan estructura y seguridad, ayudan a madurar y al logro de cierta estabilidad, le dan herramientas al niño para lidiar con la vida de adulto; permiten que un estudiante de lo mejor de sí mismo y fomentan el cuidado. Gracias a los límites no nos lastimamos ni somos violentos con los demás, podemos trabajar, aprender y relacionarnos; en fin, un límite es fundamental para detener la angustia y el caos. Así que la próxima vez que pienses que al decir NO estás agrediendo, piénsalo dos veces, ¿no pones límites por culpa o por miedo? Si es así, entonces habrá que trabajar sobre ello e investigar por qué tú mismo te limitas. Una cosa es poner orden y otra agredir e inhibir el desarrollo;  paradójicamente al no poner límites se está limitando lo que cada quien podría ser capaz de construir.

 

Claudia Rodríguez Acosta

Psicoanalista